jueves, 20 de febrero de 2014

Ismael... Una vez más.

La producción musical: “Ismael… Una vez más”, contiene 11 temas inéditos, todos de mi autoría, en los géneros de: baladas, pop, rock y Freestyle. Sweetheart tonight: Balada en inglés y español al estilo de los años sesenta. Habla del amor que se extraña en la distancia y anhela que el tiempo los vuelva a reunir. Driving me crazy: Ritmo y movimiento que imprime acción al romance que busca evadir los celos e inseguridades de una pareja que contagia de locura su relación amorosa. Corazón de hielo y fuego: Promesa de amor apasionada, inspirada en las féminas que aseguran no volverán a enamorarse, pero que olvidan dicha promesa cuando encuentran a la persona ideal que las hace volver a soñar. Quiero a Laura: La determinación de salir en busca de la dueña de unos sentimientos que nadie comprende y son tildados de locura. Que viva el amor: Una manera suave y sutil de expresar la importancia de la comunicación en las relaciones amorosas para que la vida en pareja sea siempre dulce y armoniosa. Una vez más: Los suspiros de un poeta que ha extraviado su inspiración y la busca, la llama y la sueña… todo en una sola canción. Todo tiene su final: El despertar del sueño de un amor que pretendía ser eterno pero que se ha desvanecido con el tiempo. Rosa rota: Una semilla de amor que no llegó a convertirse en jardín, una rosa desprendida… descuidada, que se pierde en la nada. Far from each other: Un distanciamiento pasajero que duele pero retiene la esperanza de que el tiempo transcurra rápido y todo regrese a la normalidad. Volviéndome loco: el espejo de “Driving me crazy”, traducida al español. Separados: la versión en castellano de “Far from each other”. Gracias a Dios, el Padre Celestial, quien permitió que concluyéramos este trabajo con la misma dedicación y amor que iniciamos hace más de dos años. Gracias Señor por este maravilloso equipo que pusiste a mi lado. Ismael De La Cruz: Cantante, compositor, Productor general; Ysaac Guzmán: arreglista, piano, director de grabación; Teófilo Familia: arreglista, guitarra; Rúbert Paniagua: coro; Násser Issa: violín; Edel Ramos: bajo; Johnny Cavero: batería, efectos de sonido; Israel Amarante: Batería (C y F); Vicente Pelechano: Mezcla, masterización, y asesor general. Gracias a todos mis amigos que de una u otra forma me han apoyado en esta travesía ¡Qué bueno que Dios los puso en mi vida! Les estaré eternamente agradecido. Aquí están mis canciones, espero en Dios que todos puedan sentir el amor y la energía que dediqué en cada instante de esta hermosa aventura musical. Bendiciones. Ismael De La Cruz.

jueves, 23 de enero de 2014

Sweetheart Tonight. Ismael De La Cruz.

Sweetheart tonight I feel so sad and lonely. I’m not with you, believe me I am so sorry I made a nistake… Now I have to pay for it. How can I ever thank you for what you have been to me? I promise you it will never happens again. Dulce corazón me siento solo y triste. lamento saber que de mí te fuiste. Cometí un error… tengo que pagarlo. Lo que me has dado a mí… Nunca podré olvidarlo. Te prometí que no pasaría otra vez. Sweetheart tonight I miss you more than ever. I’m thinking about you and asking myself: How are you now that we are not together?Are you Missing me or did you just forget about me? Soon we will be so happy together as yesterday. Dulce corazón te extraño como nunca. Pienso en ti y me hago mil preguntas. ¿Cómo estarás cuando no estoy contigo? ¿Me extrañas como yo o me echas al olvido? Pronto estaré contigo como ayer. Soon we’ll be so happy together as yesterday. Escucha la canción pulsando: Sweetheart Tonight.

Quiero a Laura; Ismael De La Cruz.

Quiero a Laura. Quiero a Laura, yo quiero a Laura. Quiero a Laura, yo quiero a Laura (bis). Estoy cansado de hablar por teléfono con Laura… con Laura. Por las noches yo la sueño pero nunca está aquí… no viene por mí. Y perturba mis sentidos no tenerla a mi lado. Todos dicen que estoy loco, yo también digo que sí… loco por Laura, loco por Laura. Quiero a Laura, yo quiero a Laura. Quiero a aLaura, yo quiero a Laura (bis). Quiero tenerla conmigo, ser dueño de su sonrisa… que hechiza. Quiero perderme en su boca, sus labios de carmesí…sólo para mí. Y si Laura me lo pide yo le doy mi vida entera. Cuando dicen que estoy loco yo también digo que sí… loco por Laura, loco por Laura. Quiero a Laura, yo quiero a Laura. Quiero a Laura, yo quiero a Laura (bis). Que nadie me dé consejos no quiero escuchar palabras. Que si Laura no regresa no voy a quedarme así… yo me voy de aquí. Sea en Africa o en China, donde sea voy a hallarla. Que soy cuerdo, que soy loco déjenlos que hablen de mí. Loco por Laura, loco por Laura. Escúchala: Quiero a Laura.

Que viva el amor; Ismael De La Cruz.

Escuchando tu silencio en las mañanas, cuando abandonas la cama, sin mirarme, das la espalda y nada más. escuchando tu silencio en las comidas cuando busco tu mirada y tu te quedas mirando el ventanal. Desde que el silencio habita entre nosotros la vida es un vaso roto y yo mismo ya no sé ni que sentir. Desde que el silencio vive nuestras vidas el amor agonizaba pero siempre resistiéndose a morir . Que viva el amor… Sin las horas solitarias en la alcoba. Que viva el amor… Sin vivir de los recuerdos que hoy añora. Que viva el amor. Que viva el amor… que vivan los sueños, que viva la vida, que viva el amor. El silencio se alejaba esta mañana cuando en la cama bromeabas, preguntabas ¿Cómo dormiste mi amor? Y reías mientras te desayunabas, preparabas mis tostadas y me hablabas solamente del amor. Desde que el amor ha vuelto a nuestras vidas, todo es nuevo cada día, nos enseña nuevas formas de vivir. Desde que el amor completa nuestros días el silencio se retira, pues no tiene nada que buscar aquí. Que viva el amor… Ese ser maravilloso que creamos. Que viva el amor… Los abrazos y los besos que nos damos. Que viva el amor, que viva el amor, que viva tu amor, que viva mi amor, que viva el amor. Puedes escuchar la canción: Que viva el amor.

Seductora Madrugada.

¿Cómo te quiero escribir? No me respondas. ¿Cómo te hago sonreír? No me lo escondas. Déjame ser la alfombra en la que pisas, tu exclusivo masajista, el dueño de tu mirada. Déjame seducirte al mediodía, en la tarde, en la mañana… mejor si es de madrugada. Y si la noche se pone celosa, mira esas son sus cosas, tú y yo no sabemos nada. Cobijados en ella pintaremos de maravillas el cielo, la tierra, el aire y el agua. Seductora madrugada… Seductora madrugada. ¿Cómo es que me miro en ti… aún mientras duermo? ¿Cómo es que duermes en mí… si estoy despierto? No busquemos respuestas por un rato, por lo menos en mil años, quizás serán suficientes. La madrugada será nuestra aliada… allí donde todo acaba, empieza el amor latente. Y si la noche se pone celosa, entonces no dormiremos… Esperemos que el sol salga. Contaremos arenas en la playa, encendamos nuestra hoguera… Dejemos que el fuego arda. Seductora madrugada… Seductora madrugada.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

El Teatro a los pies de Cristo.

El poderoso imperio romano dominaba absolutamente todo en las regiones aledañas a Judea. Los tributos que debían pagar los judíos al César (Mateo 22:16-21) mantenían oprimidos a los hombres y mujeres menos privilegiados de toda esa región y por si fuera poco tenían la Ley de Moisés, interpretada a su manera por los fariseos (Mateo 23:2-4) y saduceos que representaban la supuesta teocracia que caracterizaba la forma de vivir de los descendientes de Abraham. Herodes, rey de Judea en tiempos del nacimiento de Jesús (Mateo 2:1), impuesto por los romanos al pueblo israelí, provenía del linaje de los edomitas, descendientes de Esaú, razón suficiente para que el pueblo judío considerara una ignominia el hecho que un extranjero fuera su rey. Sumado a la matanza de niños inocentes que Herodes había llevado a cabo en procura de matar a Jesús (Mateo 2:16)… era más de lo que un pueblo tan orgulloso como Israel podía soportar: Más de seis décadas de dominio romano; un procurador, Poncio Pilato, al servicio del imperio y sobre quien reposaba la ejecución de las leyes; hambre, plagas y el desconsuelo de un pueblo que veía cada día como sus esperanzas se perdían en el vacío de aquel panorama tan desolador.

Así se mostraba el ámbito donde Jesús nació, creció y, ya de adulto, puso en marcha su ministerio de predicación del evangelio acerca del reino de Dios. Era de esperarse que muchos, al escuchar acerca de la llegada del Mesías, pensaran que serían librados del yugo romano, que todas las cosas cambiarían de repente y encontrarían reconciliación con el Dios de sus antepasados. Muertos fueron resucitados, paralíticos se ponían de pie y caminaban, leprosos eran sanados, ciegos que veían, demonios expulsados y la multitud que seguía al Salvador (Lucas 7:21-22; Juan 6:2). Una multitud tan grande que preocupaba excesivamente a los principales de las iglesias que controlaban la religiosidad impuesta     al pueblo en el nombre de Dios. Aquellos milagros fueron muestras de misericordia del Mesías. No eran las señales que pedía la generación adúltera de fariseos y saduceos (Mateo 16:4), tampoco una necesidad del Señor por mostrar su poder. Aquellos milagros manifestaban el amor de Dios para con sus hijos, la salvación dada por gracia a todo aquel que reconocía en Jesús al cordero de Dios que profetizaban las escrituras (Isaías 53:7) y se rendían ante sus pies como muestra de adoración. Una muestra indeleble del amor de Dios.

Hoy en día, más de dos mil años después de la llegada del Mesías, quedan criaturas en el mundo a quienes no ha llegado el anuncio de las Buenas Nuevas, aún quedan personas que no han tenido la oportunidad de conocer a Jesús resucitado e ignoran el sacrificio de su sangre derramada en la cruz para inutilizar cualquier sacrificio posterior, porque todo quedó consumado en la cruz del calvario (Juan 19:30). La gran comisión nos fue encomendada (Mateo 28:18-20), los que conocemos el amor de Cristo para su pueblo sabemos que sigue siendo una muestra de su amor el concederles a todos los que en él creen, la oportunidad de alcanzar la salvación mediante el perdón de los pecados y la seguridad de la vida eterna (Juan 3:15-16 y 36).

La dramaturga y actriz dominicana Soraya Guillén ha puesto su talento a las órdenes del Creador. Llevará, entre el 12 y el 15 de septiembre, el poder de la predicación al Teatro Monina Solá. Serán cuatro funciones en días seguidos que dejarán plasmadas huellas en los espectadores de cada una de ellas, porque la palabra de Dios nunca regresa vacía de ningún lugar a donde es dirigida. La hora convenida es las 7:00 PM, usted tiene una cita especial con la palabra de Dios en la obra teatral: "Hoy he tocado su manto", de Soraya Guillén. Los milagros de Cristo nunca se han detenido, es asunto nuestro que toda criatura se entere del camino que conduce a la única verdad que tiene esta vida… el amor del Creador.

 

Temas relacionados: Escudo y adarga; verdad de Dios; Hoy he tocado su manto; Yo soy la zarza; Ruth la moabita; ¿En verdad existe Dios?; Una mujer llamada Esther; Dominicanos, el pueblo de Dios.

 

 

 

sábado, 17 de agosto de 2013

Inspiraciones de la Luna.

Había sido un largo recorrido el de aquella noche, cumplía cuatro mil trescientos millones de años desde que orbitaba el sistema solar, por eso quería celebrar. Acuatizó en el centro del golfo de México, era un precioso rayo de Luna… un rayo que de ella salía. Se sintió traviesa al pasar por las Antillas Holandesas, compró unos aretes europeos en Curazao y se hizo tejer trenzas en Aruba. Estaba tan contenta de ser la Luna. Ser satélite de la Tierra tenía sus ventajas, muchas ventajas. Si hubiera contado los suspiros enamorados que a ella, durante siglos y siglos, la humanidad  le dedicaba… habría podido llenar la Vía Láctea de tanto suspirar. “No soy coleccionista de suspiros”, repetía una y otra vez, “prefiero las canciones escritas para mí”. Eran sus frases favoritas, aquellas que gritaban a los astros que ella era la Luna, la que  inspiraba poetas, la que arrancaba suspiros, la que movía las olas del mar a su antojo y encendía en los hombres nuevos bríos.

Celebraba su cumpleaños al estilo caribeño: en Jamaica bailó la música que caminaba en la noche y escuchó acordes que invitaban a caminar sobre ella… Caminar sobre la Luna; iluminó los yacimientos petroleros de Trinidad y Tobago; y  en San Martín, a más de uno dejó asombrado con su cadencioso vaivén. Sí, la estaba pasando bien. Se detuvo en Puerto Rico, en el Viejo San Juan, donde presenció una propuesta de amor bajo la luna llena, que sonrojó sus mejillas. Vio en el Morro a un viejo amigo, se trataba de un poeta que hacía años había conocido. Mirando a sus pupilas preguntó: “dime poeta ¿No quieres hablar conmigo?”. El poeta borinqueño la miraba como pareciendo descubrir sus intenciones, “¡Ah! Pero si es la Luna rompecorazones”. Luna sonrió divertida, le gustaba ser calificada, aunque fuera injustamente, al menos sabía que no podía ser ignorada. “No fui yo la culpable de tus desventuras, recuerda amigo poeta, yo tan solo soy la Luna”. “Dijiste que ella me amaba”, replicó el poeta borinqueño. “y de verdad te amaba, eras el hombre de sus sueños… pero aquel galán llegó a su vida cargado de lujos y dinero… Fue una noche de ronda. No, esta noche no he de hablar de tristes devaneos… adiós poeta, hasta luego”. Y se alejó contemplando su reflejo en el Atlántico… admirando su propia hermosura. Se preguntaba “¿Hasta cuándo habrán los hombres de decir: Luna, dime tú si ella me quiere?”. Puerto Plata, novia del Atlántico, exhibía las blancas arenas de Sosúa, sobre las cuales, un turista italiano meditaba sobre los enigmas de la Luna. El malecón de La Habana le trajo tantos recuerdos que no pudo evitar posarse en su orilla con deseos de soñar. Un poeta habanero la miró a lo lejos y le expresó: “Dime, encantadora Luna ¿Llegaré a ser algún día tan grande como Martí?”. "Pobres soñadores", pensó la Luna, "no saben que en la Tierra no hay grandeza alguna, que son fútiles sus deseos y vanas sus ilusiones y que el amor no se obtiene deshojando flores". “Serás tan grande como tus sueños, tan grande como a otros puedas servir… la grandeza, poeta, reside dentro de ti”. Se alejó bailando entre las nubes y perdió sus aretes en el fondo del mar.
 El merengue dominicano hacía estremecer las olas del mar Caribe y alborotaba el viento. Un poeta quisqueyano danzaba entusiasmado y entonaba canciones en el malecón de Santo Domingo: “La Luna ya no es la novia del poeta…”. La Luna paseaba de un lado a otro, a veces cantaba, otras veces bailaba, pero el poeta quisqueyano no la miraba. Preguntó, casi indignada: “¿Qué te traes dominicano? ¿Acaso no ves que el mar Caribe está asombrado de mi belleza…? Dime, ¿Por qué me has ignorado?”. El poeta quisqueyano detuvo su baile para contestar: “Querida Luna, no tengo tiempo para platicar”. La Luna no podía creer lo que escuchaba. “¿Acaso no sabes que soy la musa inspiradora de suspiros y estrofas enamoradas?”. El poeta respondió: “y yo soy el dueño de la brisa y del mar Caribe entero, soy el dueño de la playa y de mi tierra que tanto quiero”. La Luna pasó de la indignación al asombro, miró desconcertada como aquel poeta quisqueyano bailaba y bailaba mientras la ignoraba. “Poeta, ¿Podría bailar contigo?”, tímidamente preguntó la Luna. El dominicano tendió su mano y estrechó la cintura de la Luna. Bailaron toda la noche, siguieron bailando hasta la madrugada. Se despidieron con la promesa de volver a bailar, pero aquello nunca sucedió. Había sido la despedida de soltero del poeta quisqueyano y la noche siguiente encontró al poeta estrechando otras manos y sintiéndose enamorado… su vida era afortunada en los brazos de su amada. Luna sigue visitando el mar Caribe, sigue creyendo ser la dueña de los suspiros y la provocadora de los bríos, pero nunca olvidó al poeta quisqueyano. Cada cumpleaños suyo lo celebra cantando boleros y merengues… danzando sola, danzando sobre el Jaragua.    

viernes, 16 de agosto de 2013

El conquistador del cielo.

Lo meditó un par de días, tres o cuatro ¡No lo sé! Supo que no esperaría que el tiempo decidiera por él, solo se fue. Tomó la mochila en que algunas veces transportó las cosas más importantes de su vida y empacó algunos "amigos"para el viaje: un libro, unos papeles y un puñado de recuerdos de esos que llaman fotografías. Su  objetivo sería conquistar el cielo aquella tarde, hablaría con las nubes y les confesaría sus más íntimos secretos… sus amores, sus alegrías, sus ilusiones y pasiones. Ellas entenderían, se decía, ¿Para que sirven las nubes sino para escuchar secretos que nadie más sabía? El tiempo fue su aliado pues no sintió que pasaba, simplemente allí estaba. No sintió sorpresa ante la espectacular imagen que sus ojos contemplaban, sentía que todo aquello ya le pertenecía… el tiempo, el viento, las nubes, la vida… Todo le pertenecía.

Escuchó murmullos que a su espalda preguntaban acerca del intruso que llegaba. Sin pretender ignorarlos tomó el sillón que las aves prepararon con delicadeza para el recién llegado y se dispuso a narrar entre versos y prosas todos los acontecimientos que habían ocurrido desde su último encuentro. Se dio cuenta que no le recordaban, pero no leimportó, siguió narrando pausadamente y observó como todo cambiaba a su alrededor. Lo estaba consiguiendo. Sintió que encajaba perfectamente con la nada y el vacío cuando les dijo: "Todo esto es mío".

La noche llegó callada y se sentó a su lado, a ella le contó sobre sus momentos más apasionados. Logró que la luna se ruborizara y que más de una estrella suspirara al escuchar sus aventuras pasadas. El tiempo volvió a ser su aliado.

Por momentos pensó que la despedida había tomado vacaciones, más se equivocaba. Lo esperaba a la puerta sintiéndose culpable del trabajo que, antes de aquel momento, con indiferencia realizaba. Él le otorgó una mirada compasiva y se puso de pie. No quería hacerla sentir como una intrusa usurpadora de la dicha que le embargaba, saldría con la misma gallardía con la que había llegado.

Lágrimas y sonrisas adornaron su partida. Les prometió a todos que volvería ¿Cuándo? Eso no lo sabía. Pero volvería.

A nadie contó que aquel fue el día, la tarde y la noche, que el cielo fue por él conquistado.