jueves, 22 de febrero de 2018

Lluvia ligera y fugaz.

Llueve... lluvia ligera, constante, callada… sin prisa de soltar el agua sobre la tierra, como si su naturaleza fuera derramar el líquido con serenidad, cuan jardinero parsimonioso riega las flores de un jardín.
Llueve lenta, tranquila, calmada… como si ella supiera que dentro de unas horas nadie la perturbará, se habrá evaporado de la tierra y ni una sola de sus gotas testimoniará su efímera existencia… su fugaz permanencia.
Solemne lluvia madrugadora, ¿quién tuviera la virtud que tienes tú?, y pasar por la vida sin anuncios ni reclamos, enalteciendo el sentido de vivir al brindar energía a las que esperan sembradas tu visita.
¿Quién diera a la vida tanta vida como la que das?, e ignorar la insolente realidad que insiste en señalar que mañana no estarás, que tus gotas se habrán ido, que no dejarás huellas… ni un solo vestigio de humedad.
Pero la grandeza no es para simples mortales ni para las cosas inanimadas y perecederas, lo sabes y te alegra saberlo lluvia ligera.
Y el intenso vivir que te alienta a regalar sin esperar es la misma intensidad que te asegura la eternidad, porque siempre vivirás, y pensar que habrá quien crea que eres sólo una lluvia ligera y fugaz.